Twitter no ha terminado de crecer en España. El 32% de los usuarios de redes sociales en España tiene actualmente una cuenta, frente al 14% que eran en 2010. Los motivos son varios, pero el más popular es innegable: el 56% de estos nuevos adeptos se mete en esa corrala virtual para seguir a personalidades públicas. Lo cual es de todo menos sorprendente: las celebrities son el eje troncal de Twitter, el secreto de su popularidad, prácticamente desde su creación. La norma, como siempre, es: si hay famosos, habrá gente. Y si hay gente, una red social se vuelve relevante a la fuerza.

Por eso las últimas semanas resultan tan preocupantes: los mismos famosos que hace años empezaron a usar Twitter de forma tan sonada ahora lo están abandonando sin motivo aparente. Solo este mes, tres de sus grandes bastiones han decidido dejar de tuitear. Primero, el afabilísimo Alec Baldwin, que debe a Twitter gran parte del resurgimiento de su popularidad, desapareció hace unas semanas tras soltar un lacónico “Ha sido divertido”. La cantante británica Lily Allen ni se despidió de los suyos cuando hizo lo mismo. Y justo la semana pasada, Charlie Sheen, que ha sido una de las superestrellas de la red social desde aquella racha indescriptiblemente extravagante que tuvo el año pasado, dejó de usar su cuenta con uno de sus esotéricos mensajes: “Id a por las estrellas, gente”.

El New York Times recogía esta tendencia la semana pasada, pero solo podía especular el motivo. ¿Será que Twitter ya se ha convertido en un basurero en el que el famoso medio tira sus reflexiones personales? ¿Que ese nuevo paradigma de la fama de hablar-con-la-gente-como-si-fueras-uno-más ha perdido el encanto? “Compartir tanto, tanto invita a las respuestas negativas, lo cual duele a muchos famosos”, explica en el artículo Seth Meyers, un psicólogo de Los Ángeles que suele tratar a celebrities. “Dejan Twitter, o sus agentes les dicen que lo hagan, para proteger sus carreras”.

Es cierto que Twitter ha dado lugar a patinazos antológicos (nunca del nivel del Turismo Bisbal, en eso los españoles estamos a la cabeza), como cuando Ashton Kutcher tuiteó su indignación porque su equipo de fútbol americano favorito, los Penn State Nittany Lions, había despedido al mítico entrenador Joe Paterno… sin saber que éste estaba siendo procesado por ocultar los abusos sexuales a los que su ayudante, Jerry Sandursky, sometía a varios menores de edad. En cuanto el aluvión de críticas comenzó a arreciar, Kutcher delegó sobre una de sus empresas la gestión de su cuenta (de 11 millones y medio de seguidores). Courtney Love ha dejado Twitter tantas veces, muchas de ellas por cometer errores como publicar fotos de ella misma desnuda, que casi vale como ejemplo de todas las situaciones posibles.

Precisamente esa es la otra clave del artículo del Times: la inmensa mayoría de los famosos que ha ido dejando Twitter en los últimos años ha terminado por volver. El rotativo neoyorkino cita los sonados casos de Nicki Minaj, Chris Brown, John Mayer (que volvió por “aclamación popular”), Miley Cyrus, o el propio Alec Baldwin. Es más, Lily Allen, que ya había dejado la red social en otra ocasión, volvió a las pocas horas. No hay que dejar de contemplar la posibilidad de que esto no sea más que un golpe de efecto calculado por los famosos para que se hable de ellos.

O, sencillamente, de que Twitter sea demasiado adictivo. Asevera el doctor Meyers que la fama tiende a crear narcisistas, “atraídos a Twitter” porque “necesitan feedback constante de los demás para mantener esa grandiosa imagen de sí mismos. Muchos famosos vuelven a Twitter porque necesitan la atención de los demás”.

Como ni siquiera se sabe si este éxodo es un éxodo, es difícil determinar sus consecuencias. Si se van los famosos, ¿se irá también ese 56% de usuarios que los busca en Twitter? Es bien posible que la red social tenga ya sus propias patas y no necesite a los famosos para mantener su relevancia, que sus abonados sean tantos, y tan activos, que el ecosistema pueda mantenerse por sí solo. Pero no porque exista esta duda deja de ser un tanto estremecedor ver hastá qué punto una de las webs que más vertebra Internet, que más suya sienten sus usuarios, depende del ego de una minoría de usuarios.

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