A principios del pasado mes de marzo, el escritor estadounidense Jonathan Franzen arremetió contra Twitter durante una charla en la Universidad de Tulane, en Nueva Orleans. «Es inexplicablemente irritante, representa todo lo que odio», llegó a decir el autor de «Libertad».

Franzen argumentó que «es difícil citar hechos o crear un argumento en 140 caracteres, es como si Kafka hubiera decidido escribir “La metamorfosis” por videoconferencia o como escribir una novela sin la letra ‘P’. Es un medio tremendamente irresponsable. Solo me importan los lectores y escritores serios, esa es mi gente».

El mensaje del autor, que también criticó el libro electrónico en la última edición del Hay Festival en Cartagena de Indias, parece no haber calado (al menos no lo suficiente) entre sus colegas más conocidos, que emplean sus respectivos TL para comentar en Twitter sus filias y fobias, dar cuenta de su actividad diaria, interactuar con otros escritores y con lectores y, en definitiva, desarrollar una identidad virtual que, aunque a algunos les resulte extraño y hasta criticable, puede tener un efecto más que positivo en sus ventas… y prestigio.

En el plano internacional, son numerosos los autores afincados en la red social, entre ellos y solo por citar a algunos, Salman Rushdie, Gary Shteyngart, Margaret Atwood, Bret Easton Ellis, Chuck Palahniuk, Haruki Murakami o Patricia Cornwell. Todo ellos emplean Twitter como espacio de intercambio de ideas o, porqué no, herramienta experimental.

Usos y abusos

No obstante, la red creada por Jack Dorsey cuenta ya con más de 380 millones de usuarios y, por ello, se ha convertido en una formidable vitrina de promoción, por lo que muchos de los autores se limitan a tuitear cuándo y dónde firmarán libros y sus apariciones en medios.

En cuanto a la interacción con sus seguidores, los hay que se pasan… y que no llegan. Así, por ejemplo, pese a que Murakami (cuyo último tuit se produjo el pasado 21 de diciembre) tiene más de 88.200, el autor de «1Q84» nunca contesta a ninguno de ellos. En cambio, el británico Salman Rushdie, uno de los autores más seguidos (270.000), dialoga a diario con ellos.

Además, el autor de «Los versos satánicos» empleó recientemente la red social para salir en defensa de Günter Grass después de que éste fuera declarado «persona non grata» en Israel por un polémico poema y manifestó su pesar nada más conocer la muerte de su «amigo» Christopher Hitchens, al que rindió tributo en forma de tuit.

La estadounidense Patricia Cornwell, última ganadora del Premio RBA de Novela Negra, suele tuietar las fechas de salida de sus libros y, si está de humor, comparte con los internautas su pensamientos matinales («Los vientos de abril parecen de marzo. Voy a escribir todo el día y después daré un largo paseo», escribió el pasado 21 de abril).

Pero, sin duda, la reina de los escritores en Twitter es J. K. Rowling, que puede presumir de tener más de 1,12 millones de seguidores. Su presencia en la red social, antes muy habitual, se ha incrementado desde que pusiera fin a la saga de «Harry Potter», anunciara el lanzamiento de Pottermore y, sobre todo, hiciera públicos los detalles de su primer libro para adultos, «The Casual Vacancy».

No con tantos seguidores pero con igual o mayor predicamento tuitero que la multimillonaria creadora de «Harry Potter» está Bret Easton Ellis. El autor de «American Psycho», que la próxima temporada se convertirá en musical en la escena londinense, no duda en compartir con sus seguidores sus opiniones a cerca de los nuevos proyectos que Hollywood tiene entre manos, las últimas películas en cartelera, la vida de otros personajes famosos, sus series de televisión preferidas («”Girls” es realmente buena», escribió el pasado 23 de abril) y toda la actualidad cultural que pasa por su literaria mente.

En español

¿Y qué hay de los escritores en español? Arturo Pérez-Reverte tiene en su haber más de 382.000 seguidores y parece haberse convertido en «capitán» del batallón tuitero-literario en español. «Vamos hacia un lugar interesante y peligroso y Twitter es una herramienta potente de información y de poder», declaró el escritor el pasado año en el I Congreso Iberoamericano sobre Redes Sociales (iRedes), para después afirmar que la red social es como «una barra de bar».

Esa especial concepción que Pérez-Reverte tiene de Twitter le ha llevado a protagonizar sonadas bravuconadas como cuando llamó al ex ministro Moratinos «perfecto mierda» o cuando irrumpió en el debate sobre las denuncias por las infracciones a la ley antitabaco al afirmar que «Anna Frank fumaba. La delató un vecino a la Gestapo».

Curiosa es también la presencia de Antonio Muñoz Molina que, como Isabel Allende, solo tuitea para «vender» los post que publica en su blog. Por no mencionar a Edmundo Paz Soldán, gran aficionado al fútbol y sus devenires, la familiar puesta en escena de Elena Poniatowska, un cada vez más activo Jorge Volpi, el siempre lúcido Juan Villoro, el intelectualmente irreverente Vicente Luis Mora, además de Elvira Lindo, Elvira Navarro, Eugenia Rico, Iván Thays, Juan Gómez Jurado, Laura Gallego, Luna Miguel o Alberto Olmos.

Por supuesto ni son todos lo que están, ni están todos lo que son, pero está claro que la distancia entre el mundo real y el virtual cada vez es menor… también en la literatura.

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