A lo largo de la Historia, el soporte siempre condicionó la literatura. Desde la verticalidad del pergamino a la encuadernación del libro, el escritor siempre fue consciente de que el formato restringía o ampliaba la extensión de su obra literaria.

Hoy, la filosofía y popularidad de Twitter, con 100 millones de usuarios activos, cambia los hábitos de los lectores en pantalla. Quieren literatura breve, directa y de tiempo de lectura mínimo, indicó LA INFORMACIÓN.

La síntesis de los 140 caracteres de la red del pájaro azul propulsa una literatura sintética e intensa. De esta manera, se fomentan textos breves que se puedan leer en apenas una hora.

Así, los e-books rescatan géneros poco comerciales, como la novela corta, el microrrelato y el microensayo, o bien discursos o conferencias. La contención ahora es un valor y las editoriales se han percatado de ello.

“Un dato que demuestra que existen lectores muy interesados en este tipo de género breve es Kindle Single. Sus 150 títulos de obras cortas reportan a Amazon unos ingresos de 1.5 millones de dólares”, explica Javier Celaya, socio fundador de Dosdoce.com.

En España, el lanzamiento del sello RHM Flash, con literatura breve de autores clásicos y contemporáneos, confirma el avance de lo sintético. Su catálogo despliega e-books de menos de 10 mil palabras, con relatos de escritores como David Foster Wallace, Doris Lessing, Flannery O´Connor, o Juan Jacinto Muñoz Rengel e Ignacio del Valle.

La editorial Nórdica también cuenta con la colección Minilecturas de relatos clásicos. Su eslogan lo dice todo. “Para leer en el tiempo que dura una película de cine”.

“Tarde o temprano, aparecerá una nueva escuela de escritores que narren en géneros más breves, con menos texto y contenido híbrido entre lo audiovisual e interacción con el lector”, añade Javier Celaya.

Lejos de la literatura y más cercano al ensayo, lo último de la brevedad para pantallas ha sido el debut de TED Books. La institución organizadora de conferencias internacionales edita sus propios e-books, en formato inferior a las 20 mil palabras, con las ponencias cronometradas de sus participantes.

Como vemos, literatura y ensayo apuestan por una extensión superior al reportaje e inferior a la de la novela de 100 páginas. La contención, como en Twitter, asoma como argumento también en la difusión de los libros electrónicos.

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