Entre el aforismo y la fórmula cotidiana; entre el pensamiento articulado cabalmente y la anécdota liviana. Así aparecen los escritores -al menos medio centenar de ellos- en la escena del microblogging. En Twitter pululan muchos autores y tienen un montón de lectores siguiéndoles los trinos. Marcan un éxito que, en algunos casos, es inversamente proporcional a sus ventas en las librerías.

Es suficiente sobrevolar el campo de la red social para notar que muchos de los escritores reputados ubican allí sus voces. Por ejemplo, el boliviano Edmundo Paz Soldán. Para él, Twitter sirve no solo para publicar enlaces que llevan al lector a su columna semanal en el diario chileno La Tercera, sino también para referirse al fútbol, para intercambiar con otros escritores, como el mexicano Jorge Volpi, o para “retuitear” frases o links -relacionados con la literatura- de sus pares.

Aquí, como en cualquier otro escenario donde esté un escritor, habrá la necesidad de un destinatario, de un lector. Es allí donde apuntan los autores, a tener más de cerca a quienes ojean sus creaciones. De pronto hasta para receptar, en el mejor de los casos, elogio; en el peor, críticas, que por lo general vienen de autores-lectores.

Es sencillo. Para Adriana Albán, especialista en redes sociales, Twitter y, en general, las redes sociales ofrecen a los productores de contenido el mayor espacio de focus group imaginable. “La clave para obtener entendimiento sobre los gustos de la gente y satisfacerlos, ya sea con arte, productos o servicios relacionados, es leyendo con atención y aprendiendo de sus reacciones”.

Alberto Salcedo Ramos, cronista colombiano, ha publicado, entre otros libros, “La eterna parranda”, “Entre el oro y la oscuridad”, y en su timeline aparecen lectores que replican sus pensamientos sobre la realidad colombiana o, si no, máximas o frases de sus autores del momento. Pero también aterriza sus pensamientos a casos cotidianos.

El colombiano, por ejemplo, se refirió al partido entre Athletic de Bilbao y Atlético de Madrid: “Falcao tiene ese mérito de los grandes: hace que lo difícil parezca fácil, que lo extraordinario parezca simple y al alcance de cualquiera”.

También se manda datos del mundo de los escritores: “De Borges sobre Hemingway: fue medio compadre, y terminó matándose porque se dio cuenta de que no era un gran escritor. Eso lo salva”.

Pero Twitter también permite resurrección. No de autores, sí de sus obras. Muchos ya fallecidos tienen una cuenta, claro, administradas por otros. Están Cortázar, Rimbaud, Baudelaire, Saramago, Hunter S. Thompson y Borges. De este último, hay una cuenta con más de 50 mil seguidores, su actualización se hace cada dos minutos y sus fanáticos no paran.

“Lees un ‘tweet’ de @BorgesJorgeL (cuenta del autor argentino) y compruebas que toda la magia del universo ‘alephiano’ se puede encapsular en solo 140 caracteres”, postea uno de sus seguidores. Paul Auster no está muerto. No obstante, también tiene Twitter en una página creada por fans.

Entre los posteos se promueve su lectura: “Consigna para lectores de #paulauster en español: ¿Cómo conociste la obra de Auster? ¿Desde cuándo lees sus libros?”.

Esta cuenta se salta de la difusión del autor y publica o, más bien, “retuitea” (reenvía) noticias relacionadas con el mundo de las letras. El sitio, que está en idioma español, “tuiteó”, hace algunas semanas, lo que sucedía en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

Y los autores vieron grandes posibilidades en la red. Hace pocos días se creó el Club Dante como una red social de escritores. Ahora esa página está operativa y fue lanzada en la Feria del Libro de Turín. El colombiano Santiago Gamboa es uno de los mentalizadores del tejido que pretende enlazar estrechamente a los escritores con sus lectores.

En esta página virtual los autores tienen sus perfiles y los lectores pueden registrarse como usuarios y, de la misma forma, crear su hoja de vida junto con preferencias y recomendaciones literarias. ¿Que tiene que ver Twitter? Pues a través de @clubdante se promocionan.

Los lectores

Sobre todo la curiosidad lleva a los lectores a hurgar en Twitter las cuentas de sus autores favoritos. Aquella tensión romántica entre el libro-objeto y el lector-sujeto quedó, un poco, en los estantes caseros y vitrinas de librerías. Más que interacción hay flujo de información. “Las sigo porque quiero saber qué hace una escritora en el Twitter.

Lanza sus ideas sobre alguna novela en vigencia. ¿Da tips? ¿Tiene noticias sobre sus nuevos libros?”, cuenta Kristel Franco, lectora. Sigue: “En realidad Twitter no me sirve como tema retentivo, sino más bien entretenido. Y como es una diversión superflua-informativa pues no hay nada trascendental”.

“Sigo a algunos, periodistas narrativos en realidad. ¿Por qué? Porque me gusta aprender de ellos, hasta en sus ‘tweets’ hay ‘algo’ interesante. También desde su cotidianidad comparten pequeñeces que tienen tintes de ¿humor? (A veces). Ahora que lo pienso también es bacán conocerlos”, cuenta y analiza Isabela Ponce, tuitera.

Las librerías y editoriales

Las librerías del Fondo de Cultura Económica mantienen interacción constante con sus clientes-lectores. Incluso se pueden procesar envíos internacionales. Algo parecido hacen Tusquets, Anagrama, Alfaguara. Aprovechan el espacio también para subir fotos de los autores en actos de presentación o diálogos dónde estén, y de forma casi instantánea.

Las librerías nacionales se incorporan a la red social. Librimundi tiene su cuenta, donde difunde sus textos o sus actos de presentación.

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